LA COMUNICACIÓN SOCIAL DE 
LA CIENCIA E INTERNET

Antonio Barbadilla
Profesor Titular e Investigador del Departamento de Genética y Microbiología
Coordinador Adjunto de la Titulación de Biología
Universidad Autónoma de Barcelona





Nuestros tiempos se caracterizan por una demanda social creciente de conocimiento científico. Cuatro razones explican este auge: 

1. En primer lugar, porque estamos insertos en una sociedad de base científica y tecnológica que requiere cada vez más de profesionales de la ciencia y la técnica altamente cualificados para mantener la dinámica de renovación permanente que implica dicha sociedad. 
2. Pero además, el carácter de cambios rápidos ligado al desarrollo de una sociedad tecnológica es el origen de retos complejos de gran impacto social, ya sea desde una dimensión ecológica, sanitaria o ética. El cambio climático, la contaminación ambiental, la clonación de embriones, la producción intensiva de alimentos con su potencial efecto nocivo sobre la salud (alimentos modificados genéticamente, vacas locas,...), son algunos ejemplos de relevancia reciente. Los individuos educados de las sociedades democráticas modernas quieren obtener una información objetiva, no especialista, sobre estos temas para tomar decisiones responsables. 
3. Un tercera razón del aumento del interés por el conocimiento científico es la mayor preocupación por la medicina y salud de las sociedades prósperas occidentales. Así, más un 30% de los cibernavegantes americanos visitan semanalmente sitios de Internet que tratan de medicina y salud (datos recogidos por la agencia Forrester Research). 
4. Una última razón para buscar información científica es principalmente estética y filosófica. En palabras del divulgador de la ciencia Matt Ridley (1999), “estamos viviendo el momento intelectual más grande la historia”, pues hoy, como nunca antes, podemos disfrutar de llegar a una comprensión profunda de los fenómenos naturales, ya sea sobre el origen del Universo y la materia, el fundamento molecular de la vida o la explicación de nuestra unicidad como especie biológica. 


A la par con la creciente necesidad de saber científico, las tecnologías modernas de la comunicación, especialmente Internet, han revolucionado la forma de comunicar el conocimiento científico. La Web, con la casi ilimitada información siempre en expansión que fluye sobre ella, es hoy la gran plataforma de búsqueda de información científica, tanto especializada como de divulgación. Internet es la mejor metáfora de la biblioteca de Babel que Borges imaginó, y se nos presenta pues como la gran promesa de una sociedad ilustrada basada en el conocimiento que obtendrá su saber y su renovación permanente de la red. Ahora bien, la realidad actual muestra que queda un largo camino que recorrer para llegar a esa fuente ilimitada de sabiduría.

La red funciona muy bien y significa mucho en las comunidades de expertos. En el ámbito de la investigación su efecto es inmenso. Desde mi especialidad, la genética molecular, la red ha cambiado nuestro estilo de vida, nos hemos orientado hacia ella. El hito tan anunciado de disponer la secuencia del genoma humano hubiera sido imposible sin las posibilidades abiertas por Internet y las tecnologías de la información y comunicación (TIC). La red ha posibilitado el intercambio de información continuo entre los investigadores que producen los datos y las bases de datos que los almacenan, y el acceso posterior a esas bases por los investigadores para el tratamiento a gran escala de la información que contienen. Una nueva ciencia, la Bioinformática, es el resultado del estilo de vida del genético molecular en la red. Y es a raíz de grandes proyectos como el del genoma que se han creado espléndidos portales donde se encuentran una gran diversidad de bases de datos, herramientas sofisticadas de análisis, e información tutorizada abundante para manejar las herramientas. Toda esta información especializada suele estar en inglés, la lengua franca del medio que es Internet. 

La divulgación científica no ha conseguido en Internet el nivel de desarrollo adquirido por la especializada, y la situación es mucho peor para el público que se expresa y lee en otras lenguas, como el caso de la divulgación en castellano. Así, a pesar de la aparente información inabordable y abrumadora que hay en la red, lo cierto que la divulgación científica en la red es principalmente referencial (Vizcarro 1998). Cuando uno busca información divulgativa en castellano en esa maravilla tecnológica que es Google, se obtiene como resultado una lista de enlaces (a veces muy grande) que nos conectan a páginas web con información relevante sobre el tema buscado. Al hacer clic a uno de los sitios, se suele encontrar información básica sobre el tema y una lista de hipervínculos (links) a otras páginas. Al acceder a otra segunda página a partir de enlaces de la primera, nos encontramos más o menos con la misma información, una descripción breve y básica similar a la de la página previamente visitada, y otra serie de hipervínculos, algunos en común con los de la página de procedencia. Así, la navegación se puede convertir en un recorrido circular de enlace en enlace con poco contenido. La supuesta exhaustividad de la red es más aparencial que sustancial. Los contenidos para un tema dado no suelen ser completos, suelen presentar una fragmentación caótica (sobretodo si se van siguiendo los links), y les falta profundidad, o sea, no suelen tener el análisis ni la reflexión de un ensayo científico. Esto se debe principalmente al carácter amateur de muchas de las contribuciones en la red. Pero incluso cuando las aportaciones provienen de científicos profesionales, el hecho de que la red posibilite el ir publicando parte de un proyecto o trabajo sin que este concluido suele también derivar en un en construcción permanente. Este es quizá el estilo propio de la red de esta era primigenia, pero un público cada vez más exigente pide y quiere más. 

En la red actual domina el aficionado al que le gusta dejar sus temas de interés colgados en una página, o el llanero solitario (Bates 2001), ese científico con gran iniciativa propia que crea su propio sitio Web, pero que por lo general suele estar inacabado o si lo está, tiene carencias respecto a la comunicación en Internet (el científico divulgador suele ser amateur en el uso de técnicas de comunicación multimedia). Los sitios mejor financiados suelen estar más preocupados por presentar los últimos descubrimientos científicos que en proporcionar una enseñanza rigorosa de conceptos. Abundan los boletines de noticias, por lo que los artículos tienen un aire periodístico. Si hiciéramos un símil con el mundo real, en la red la hemeroteca domina sobre la biblioteca. Es el artículo breve, actual si se quiere, pero superficial comparado con el ensayo de análisis más profundo, el tipo de información científica que se encuentra en la red.

Otro elemento característico de la red es que muchos sitios elaborados están apoyados por grupo de presión con una agenda implícita. Hay corporaciones o grupos religiosos que tergiversan los hechos científicos en función de sus intereses corporativos o fe religiosa. Los abundantes sitios web que defienden el creacionismo científico son un claro ejemplo. El presidente sudafricano T. Mbeki puso en duda las medidas aceptadas para evitar la proliferación del SIDA después de leer una noche de navegación una página Web que negaba la relación del SIDA con el virus de la inmunodeficiencia adquirida. Esta página, cuya información no tenía ninguna base científica sólida, han limitado el esfuerzo oficial para combatir el SIDA en Sudáfrica (Dickson 2001).


Incluso los mejores trabajos de divulgación en la red adolecen todavía de una adaptación al nuevo medio. La inmensa mayoría de los sitios se limitan a información en texto, con alguna imagen en el mejor de los casos, y algún que otro link. No se explotan las potencialidades comunicativas del nuevo medio. La red se utiliza como medio, pero no como técnica de comunicación. El formato es clásico, lineal, de la era pre-Internet. El potencial de la interactividad, la lectura audiovisual, las animaciones los talleres de pruebas, la simulación de procesos, los vídeos,... están casi ausentes. El diagnóstico es claro: la comunicación social de la ciencia por Internet está lejos de alcanzar todo su potencial. Esto es lógico hasta cierto punto, pues la red es joven, y estamos todavía hipnotizados por su potencia comunicativa. Hay que darle tiempo, pero hay dos factores principales que limitan este avance. 

En primer lugar, la información de calidad que requiere un sitio Web de divulgación científica cuesta de producir. Hay que pagar a los científicos para que escriban el material, al equipo de producción multimedia y a los desarrolladores del sito Web. Estos recursos son elevados y en general no hay el suficiente interés económico por el momento para la creación de buenos materiales. 

El segundo factor es la falta de preparación del docente universitario o investigador en el uso de tecnologías multimedia para la enseñanza y divulgación de conocimientos científicos. Esto se ve agravado por la falta de reconocimiento de esta actividad en el currículo del investigador, y todo esfuerzo dedicado a la divulgación o docencia de la ciencia está por tanto penalizado. 

En este contexto, y desde el ámbito de la gestión académica, los responsables de titulaciones científicas deben articular mecanismos que permitan una formación integral de los nuevos investigadores tanto en las TIC como en la divulgación, que los haga partícipes no solo en la generación de conocimientos, sino también de su divulgación. 

Partiendo de la anterior premisa, la comisión de Docencia de la Titulación de Biología de la UAB ha iniciado un proyecto de innovación docente con el objetivo que el investigador y generador de conocimiento participe también en la comunicación científica de sus descubrimientos a la sociedad. 

El proyecto se resume en una serie de acciones que se listan (y comentan entre paréntesis) a continuación:

  • Curso de presentación en formatos digitales y uso de Internet (la preparación del profesorado es un prerrequisito esencial para el éxito de este tipo de proyectos)

  • Ayuda a la elaboración digital de materiales docentes (se facilita al profesor que se embarque en el proyecto, pues somos conscientes de su sobrecarga docente e investigadora, y sólo desde una ayuda de partida puede estimularse su participación)

  • Creación de un servicio permanente de apoyo que instruya y asesore al profesorado en la utilización y aprovechamiento de herramientas multimedia e Internet en la docencia y divulgación (la dudas, cuestiones o problemas que surgen al utilizar las herramientas pueden de este modo solucionarse fácilmente)

  • Creación de una plataforma Web autogestionable en el que los profesores pueden poner su material docente a disposición de los alumnos o en la Web (este es un elemento clave que permite ver al profesor lo útil que resulta poner información a disposición del alumno o en Internet, y lo fácil e inmediato que es actualizar la información que está digitalizada. Ayuda también a reconocer el valor de comunicar su información en la Web) 

  • Impulso de la divulgación (las acciones anteriores estimulan la divulgación, pero también se buscarán recursos para poder incentivar las aportaciones de los profesores).

  • Seguimiento, promoción y divulgación del proyecto (la explicación y divulgación de los objetivos del proyecto así como su seguimiento permite recibir sugerencias y además ayuda a que los profesores colaboradores vean como de su participación emerge un valioso cuerpo de conocimientos. Las experiencias de algunos profesores son útiles como estímulo y modelo para otros). 

  • Búsqueda de apoyos institucionales a todos los niveles (se quiere implicar al máximo diferentes entidades e instituciones, tanto para la financiación del proyecto como la definición de su dimensión. Puesto que iniciativas como éstas se están llevando a cabo en otras facultades y Universidades, queremos buscar sinergias que permitan escalar los objetivos y el alcance del proyecto).

  • Predicar con el ejemplo (la comisión de docencia se compromete a tener sus materiales digitalizados y utilizarlos en la docencia. De hecho algunos de sus miembros lo ha venido haciendo con éxito previamente).

La respuesta a este proyecto ha sido muy positiva. Casi el 40% del profesorado está participando y consideramos que esta iniciativa es un ejemplo a seguir para introducir a la comunidad docente e investigadora en la tarea de comunicar la ciencia a la sociedad utilizando el potencial de la red. 


Bibliografía


Bates, A.W. 2001. Como gestionar el cambio tecnológico. Gedisa, Barcelona
Dickson, D. 2001 Weaving a social web. Nature 414:57
Ridley, M. 1999. Genome. Traducción castellana, Genoma, Taurus, Madrid 2000
Vizcarro, A. 1998.
Internet y los problemas de apre(he)nder Scire 4:115-119


Antonio Barbadilla
Bellaterra, Febrero de 2002
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